La tormenta que viene – Por Daniel Ambriz Mendoza

Daniel Ambriz Mendoza

 

En México estamos totalmente inmersos en un proceso natural de ajustes y cambios, sucede cada seis años, el proceso electoral que estamos viviendo es el medio que utiliza la política para alcanzar un cambio pacífico a través de las urnas y del voto ciudadano que en ellas se deposita, durante el trayecto al día de la jornada electoral, que en este caso será el domingo 01 de julio del año en curso, estamos viendo cómo se preparan los contendientes para entrar de lleno en la batalla, porque las elecciones son prácticamente una guerra trasladada al terreno electoral.

Esta vez, ante el desprestigio social de nuestro sistema de partidos, los nueve institutos políticos con registro federal se agruparon en tres coaliciones de tres partidos cada una, fue ahí donde los ciudadanos comenzamos a ver las formas y el fondo de cómo se disputará el poder en nuestro país, se coaligaron, Polkos y Puros; Liberales y Conservadores; de derecha con de izquierda. Una mezcolanza que dejó de lado las ideologías que tanto se esgrimieron en un tiempo y que dieron pie a múltiples confrontaciones a lo largo de la historia de nuestro país para dar paso al descaro de una praxis víctima del desprestigio. El deseo desmedido por alcanzar el poder por el poder hizo posible que se mezclara el agua con el aceite, lo que suceda después no importa, el fin justifica los medios.

Por esta circunstancia, es injustificable que los ciudadanos, los trabajadores, las familias, los pueblos, las comunidades y los barrios salgamos peleados entre sí por una condición política que nos han impuesto desde otras esferas del poder, asumir una participación electoral sin la pasión demoledora que todo lo arrastra y lo destruye tiene que ser la actitud que impida que este fenómeno pasajero nos polarice por un prolongado lapso de tiempo. Mientras los ganadores medrarán con las ganancias de una democracia dirigida y débil que hace lo imposible por subsistir, los ciudadanos iremos despertando poco a poco de un marasmo para ver finalmente que nada cambió, o lo que es peor, que todo empeoró.

Hace ya varios años que el grupo dominante en el poder en México decidió la estrategia de hacernos enojar, ponernos de pésimo humor en contra de políticas y de instituciones para ser presas fáciles de sus designios, ellos tratan de conservar el poder haciendo camuflaje político haciéndonos creer lo que ellos quieren que creamos, nos han pintado panoramas oscuros y dirigen la luz a la salida que a ellos les conviene, juegan con nosotros, atentan en contra de nuestra inteligencia, aprovechan la pobreza y la ignorancia de amplios sectores sociales para su beneficio, lo que intentan en esta ocasión es explotar nuestro enojo para que la ira nos nuble la razón y acudamos a votar de mal humor, y ahí, en el minuto más importante de nuestra participación cívica, desahoguemos nuestro malestar en contra de quien o de quienes nos han metido en la cabeza que son los malos de la película, este grupo de poder no busca nuestro bienestar, lo que este grupo intenta es preservar sus privilegios y seguir disfrutando del poder y sus beneficios. Basta ver la facilidad con la que se transforman y cambian de ideología.

Por lo antes expuesto, la invitación esta vez es a no pelearnos entre nosotros, independientemente de la decisión que cada uno tomemos seguiremos viviendo en el mismo lugar y conviviendo con la misma gente como reza una popular canción. El grupo de potentados en la política mexicana ya tomó su decisión, como ciudadanos libres tomemos la nuestra, no nos dejemos arrastrar por la simple inercia, tenemos a nuestro favor la capacidad de observación que nos permite ver como se mueven las personas y como se montan escenarios, también tenemos muy activo el sentido común que nos indica qué propuestas son viables de llevarse a cabo y cuáles no.

Finalmente, lo importante es serenar nuestro espíritu durante este proceso electoral, ver desapasionadamente las cosas y no comprar pleitos que no son nuestros. Evitemos a toda costa que nos dividan más socialmente, no permitamos que nos enfrenten verbal o físicamente, no mordamos el anzuelo de una estrategia que favorece a los de siempre. En paz y emocionalmente estables podemos tomar las mejores decisiones de nuestra vida y enfrentar con mayor éxito la tormenta que viene.