Mi Verdadero Temor

Por Daniel Ambriz Mendoza

 

Los últimos acontecimientos que se han dado en el mundo sobre la pandemia del Coronavirus, en particular COVID¬-19, donde en países considerados del primer mundo se ha vulnerado la seguridad social de la población, me hacen escribir las presentes líneas con la finalidad de reflexionar con mis lectores sobre los alcances que puede tener un problema de salud de grandes magnitudes en un país en vías de desarrollo como el nuestro. Si países como China, Italia, Francia, España y Estados Unidos de América, entre otros, están siendo sacudidos de pies a cabeza, ¿qué podemos esperar que suceda en México?

Vamos por partes, a estas alturas, ya sabemos que el virus es real, que tiene muchos años de existencia y que la peligrosidad estriba en la mutación que ha sufrido hasta conformar una mueva cepa que la comunidad científica le ha llamado COVID-19. Sabemos también que no existen vacunas para evitar llegue a nuestro cuerpo, que la tasa de mortalidad si bien no es muy alta, puede afectar a toda la población principalmente niños mayores de 10 años, ancianos y en general a personas que padecen alguna enfermedad que debilite sus defensas.

También sabemos por lo que han dicho los expertos que, podemos evitar el contagio llevando a cabo las medidas sanitarias de rigor, lavándonos con frecuencia las manos con abundante jabón o utilizando alguna sustancia sanitizante; no saludar de beso y abrazo; alimentarnos bien comiendo sano, beber agua y jugos ricos en vitamina C para alcalinizar nuestro cuerpo; evitar salir de casa a lugares concurridos; cubrirnos la nariz con el arco interno del brazo al estornudar, entre otras medidas, que nos permitan cuidarnos y cuidar a los que nos rodean. Debemos cuidarnos unos a otros.

Pero mi temor no es tanto saber enfrentar el contagio del virus con medidas de sanidad preventivas, mi temor es que la falta de educación y de conciencia por parte de la población desate una histeria colectiva y comiencen las compras de pánico como ya se está viendo en algunas localidades de países como Estados Unidos de América y que nuestra inconciencia provoque una crisis alimentaria; que gobiernos irresponsables actúen a destiempo con la implementación de medidas preventivas y orientación veraz y eficaz hacia la población; que el paro de actividades productivas provoque una crisis económica de dimensiones inconmensurables; que el desmedido flujo de información que circula en redes sociales provoque pánico y desesperación en lugar orientar y bridar seguridad; que la escasez de alimentos y medicinas aunados a la parálisis del empleo desate el pillaje enfrentándonos unos con otros; que revienten los sistemas de seguridad social por la aglomeración de enfermos, la falta de medicinas, equipos de respiración y de médicos debidamente capacitados; que una crisis económica mundial asfixie nuestra precaria economía y que la falta de sabiduría de quienes nos gobiernan nos lleven hacia un camino sin retorno. ¡Este es mi verdadero temor!

Es aquí donde debe mediar la prudencia, la educación, la unidad, la solidaridad y la sabiduría de quienes aún tengan la posibilidad de esparcirla entre la población que nos rodea. Debemos evitar a toda costa ser presas del miedo, informémonos correctamente y guardemos la calma, pero eso sí, sigamos las instrucciones que, en cuanto a sanidad y comportamiento social los expertos a cargo de la salud en el mundo y en nuestro país nos están recomendando; evitemos compartir en redes sociales lo que no nos ayuda. Llegó el tiempo de la unidad nacional, no esperemos tener un problema mayor para poder actuar, ¡hagámoslo ya!, exageremos en las medidas preventivas.

Que lo que está pasando en otros países del mundo nos sirva para ver la realidad, no perdamos el buen humor, pero actuemos con seriedad y responsabilidad social. Ya se tomaron decisiones en México para prevenir el contagio del virus, se suspenderán las clases unos días antes del periodo vacacional que marca el calendario escolar para que los niños permanezcan en sus casas y eviten la aglomeración de las escuelas, colaboremos con esa medida, no lo veamos a la ligera. Que la inteligencia emocional nos ayude a comunicarnos de manera asertiva, cultivémosla, no la perdamos, es la mejor manera de conservar la mente sana para darle a nuestro cuerpo la vitalidad que necesita. Con responsabilidad, solidaridad, unidad y disciplina podemos derrotar al COVID-19 y a cualquier otro, ánimo, nos tenemos los unos a los otros, no estamos solos, cuidémonos.